
Un tráiler volcó en Santa Rosa Jáuregui, Querétaro, y el incidente derivó en una rapiña masiva de lácteos sobre la mercancía dispersa en la carretera, según reportó TV Azteca Puebla. El episodio ocurre en uno de los corredores más transitados del Bajío —la región industrial más dinámica del país—, donde la rapiña tras accidentes de autotransporte se ha convertido en un fenómeno documentado de manera recurrente en los últimos meses: Matehuala, Santa María del Río, Puente de Oceanía y ahora Santa Rosa Jáuregui confirman que el saqueo oportunista de carga accidentada es un patrón nacional que las autoridades no han logrado contener de manera efectiva.
Al mismo tiempo, comuneros bloquearon los accesos de la carretera Los Reyes-Uruapan en Michoacán para exigir la liberación de personas detenidas, según reportó El Sol de México. La carretera Los Reyes-Uruapan es una de las vías que conecta la zona aguacatera más importante del mundo —el corredor de Uruapan— con los mercados del Bajío, la Ciudad de México y los puertos de exportación. Un bloqueo en esa vía afecta directamente la cadena de suministro del aguacate michoacano hacia los mercados de exportación, incluido el mercado estadounidense que consume la mayor parte de la producción de la región.
La coincidencia de la rapiña en Querétaro y el bloqueo en Michoacán en el mismo día confirma la naturaleza multidimensional de la inseguridad logística en el Bajío: no es solo el robo organizado con violencia que Canacar documenta en su mapa de riesgo, sino también la rapiña oportunista tras accidentes y los bloqueos comunitarios por conflictos locales que el autotransporte paga sin ser parte del conflicto. La Estrategia BALAM que la GN activó días atrás tendrá que demostrar que puede abordar estas distintas expresiones del problema de manera simultánea.
Para las aseguradoras del sector de autotransporte, la acumulación de episodios de rapiña en el Bajío plantea revisiones en las condiciones de las pólizas: los siniestros de pérdida de carga por rapiña tras accidente son más difíciles de cubrir y de reclamar que los robos con violencia convencionales, y su incremento en frecuencia puede traducirse en primas más altas o en exclusiones específicas que afecten la cobertura que los transportistas tienen disponible.



