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Valle de México, un “triángulo del terror” que amenaza al transporte de carga

El Estado de México y los corredores hacia Puebla y Querétaro concentran robos, accidentes y congestionamientos que elevan los costos logísticos y ponen en riesgo la vida de los operadores.

Mover mercancías alrededor del Valle de México se ha convertido en una operación de alto riesgo. Transportistas identifican un “triángulo del terror” integrado por el Estado de México y los corredores que conectan con Puebla y Querétaro, donde coinciden la delincuencia organizada, la saturación carretera y los accidentes graves.

Entre los puntos más peligrosos aparecen el Circuito Exterior Mexiquense, la autopista México-Puebla, la carretera federal 57 México-Querétaro y la Chamapa-Lechería. También destacan municipios como Tecámac, Ixtapaluca, Huehuetoca y Tlalnepantla, fundamentales para las operaciones de distribución primaria y última milla en la zona metropolitana.

Los grupos delictivos conocen los horarios, rutas y puntos ciegos de la operación logística. Los reportes ubican los jueves y viernes entre los días con mayor incidencia delictiva. En territorio mexiquense se han identificado eventos recurrentes los jueves entre las 19:00 y las 20:00 horas.

A este escenario se suma el uso de inhibidores de señal o jammers. Estos dispositivos bloquean las comunicaciones y hacen desaparecer las unidades de las plataformas de monitoreo, dando tiempo a los delincuentes para desviar el tractocamión, descargar la mercancía y abandonar al operador.

Alimentos, bebidas, autopartes, materiales para construcción y productos farmacéuticos se encuentran entre las cargas más buscadas.

Accidentes completan la tormenta perfecta

Durante el día, el riesgo cambia de rostro. Los accidentes severos aumentan entre las 07:00 y las 08:00 horas en vialidades congestionadas como la Vía José López Portillo y el Viaducto Bicentenario.

El impacto ya no se limita al valor de las unidades robadas. Las empresas enfrentan primas de seguro más elevadas, contratación de custodios, inversiones adicionales en tecnología, cambios de ruta, retrasos y mayores gastos operativos.

Parte de esa factura termina trasladándose al precio de los productos. La inseguridad carretera, por tanto, no es solamente un problema policiaco: representa una amenaza directa para la competitividad, el abastecimiento y la estabilidad de las cadenas logísticas que alimentan a la zona metropolitana más grande del país.

Los transportistas demandan vigilancia permanente, inteligencia carretera, reacción inmediata ante la pérdida de señal y una estrategia coordinada entre autoridades estatales y federales. El GPS ayuda, pero contra bandas equipadas y organizadas ya no basta con mirar un punto parpadeando en una pantalla. Fuente: La Prensa

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