
Quince vagones de un tren de Ferromex descarrilaron en el municipio de Abasolo, Coahuila. El descarrilamiento en Coahuila es uno de los incidentes ferroviarios de mayor escala documentados en el corredor del norte en lo que va del año, y llega en un momento donde el sector ferroviario de carga mexicano atraviesa su mejor período de crecimiento —con el intermodal impulsando un 11.5% de incremento en el tráfico— pero donde los incidentes operativos siguen poniendo a prueba la confiabilidad del sistema.
El descarrilamiento de 15 vagones en Coahuila tiene múltiples consecuencias simultáneas: la interrupción del servicio ferroviario en el tramo afectado mientras se retiran los vagones descarrilados y se verifica el estado de la vía, los daños a la carga transportada en esas unidades, el impacto sobre los itinerarios de trenes que utilizan ese corredor y el costo de las operaciones de levantamiento y restauración de la vía. En el corredor norte —que conecta los polos industriales de Coahuila y Nuevo León con la frontera— cada interrupción ferroviaria tiene consecuencias sobre la cadena logística de la industria automotriz y siderúrgica de la región.
Las causas del descarrilamiento en Abasolo no están completamente identificadas en la nota de Vanguardia, pero los descarrilamientos en el sistema ferroviario mexicano tienen causas recurrentes que las investigaciones suelen documentar: el estado de la vía —que en algunos tramos acumula años de inversión insuficiente en mantenimiento—, la velocidad del tren en relación con las condiciones de la vía en ese tramo, y el estado mecánico de los vagones involucrados. Ferromex tiene el mayor presupuesto de mantenimiento de infraestructura ferroviaria del país a través del GMXT, pero la red que opera tiene más de 10 mil kilómetros y la asignación de recursos siempre implica prioridades.
Para el debate sobre el modelo ferroviario mexicano —donde la Cofece analiza la concentración de GMXT y donde el gobierno evalúa el rol de los distintos actores en el sistema—, el descarrilamiento de Abasolo es un recordatorio de que el crecimiento del 11.5% en el tráfico ferroviario que el intermodal impulsa debe ir acompañado de inversión equivalente en el mantenimiento y mejora de la infraestructura que soporta ese crecimiento.



