
El presidente Donald Trump anunció un aumento del 50% en los aranceles a automóviles y camiones fabricados en Canadá. La medida es la más agresiva que la administración Trump ha aplicado contra un socio del T-MEC en el sector automotriz: si los aranceles a vehículos mexicanos habían generado reshoring de Toyota, Daimler y Volkswagen, la extensión de la presión arancelaria hacia Canadá confirma que el objetivo de la política industrial de Washington es atraer toda la manufactura automotriz de Norteamérica hacia territorio estadounidense, independientemente del origen del vehículo dentro del bloque del T-MEC.
Los aranceles del 50% a vehículos canadienses afectan directamente a los modelos que Ontario produce para el mercado estadounidense: los automóviles de Honda, Toyota, Ford y Stellantis fabricados en las plantas de la provincia canadiense son los que más impacto recibirán de la medida. El escenario que los fabricantes enfrentan es el mismo que llevó a Toyota a anunciar mayor producción en EUA: producir en Canadá o México para exportar a EUA se vuelve progresivamente más costoso con cada ronda de aranceles, mientras producir directamente en EUA queda libre de esas cargas adicionales.
Para México, el anuncio de aranceles del 50% a vehículos canadienses tiene implicaciones mixtas. Por un lado, puede desviar hacia México parte de la inversión que Canadá perderá en manufactura automotriz, dado que los aranceles a vehículos mexicanos son distintos a los canadienses y que México puede ofrecer costos laborales más competitivos en ciertas categorías de producción. Por otro lado, establece un precedente de agresividad arancelaria contra socios del T-MEC que México no puede ignorar en sus propias negociaciones de revisión del tratado.
La respuesta del gobierno canadiense y de la industria automotriz norteamericana al anuncio de Trump determinará si los aranceles del 50% a Canadá se consolidan como política permanente o si son una herramienta de negociación para extraer concesiones adicionales en las mesas de revisión del T-MEC. En cualquier caso, la cadena de valor automotriz de Norteamérica —que cruza la frontera México-EUA-Canadá decenas de veces en el proceso de fabricación de un solo vehículo— enfrenta una disrupción de costos que tendrá consecuencias para el sector logístico que la atiende.



