
El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) entra formalmente en su etapa de revisiones anuales, un proceso en el que las partes evalúan el cumplimiento de los acuerdos y pueden plantear ajustes a las reglas existentes, generando mayor tensión regulatoria para el autotransporte de carga.
El contexto no podría ser más complicado para el sector: en los últimos meses el corredor T-MEC ha acumulado la cancelación masiva de visas a operadores, las inspecciones de Texas rechazadas por la Cancillería, las cuotas antidumping del 79.92% a remolques mexicanos, las iniciativas para limitar tripulaciones ferroviarias y la exigencia de inglés a operadores fronterizos.
La revisión anual del T-MEC es diferente a la revisión sexenal que está programada para 2026: mientras la revisión sexenal puede generar modificaciones estructurales al tratado, las revisiones anuales son mecanismos de monitoreo y ajuste que las partes utilizan para plantear disputas específicas y buscar resolución de fricciones puntuales. Para el autotransporte, las revisiones anuales pueden ser el espacio donde México plantee formalmente sus objeciones a las inspecciones de Texas, las cuotas antidumping a los remolques y otras medidas que el sector considera discriminatorias.
Los expertos prevén mayor scrutiny sobre el cumplimiento de las reglas de origen en el sector automotriz —donde la exigencia del 50% de contenido regional es el punto de mayor tensión—, sobre los servicios de transporte transfronterizo, y sobre las medidas laborales que ambos países acordaron implementar. Para el autotransporte de carga, las reglas de origen en el sector automotriz son directamente relevantes porque determinan el volumen de carga que los fabricantes pueden mover entre los tres países bajo las preferencias arancelarias del tratado.
El contexto de las revisiones anuales del T-MEC es también el escenario donde México debe presentar sus argumentos más sólidos contra las medidas unilaterales de Estados Unidos que han golpeado al sector del transporte en 2026. La diplomacia comercial y la defensa de los intereses del autotransporte mexicano en las mesas del T-MEC son ahora tan importantes como las decisiones operativas que las empresas toman en sus patios y corredores.



