Volaris + Viva Aerobús: por qué la fusión podría atorarse (o caerse) por antimonopolio

La posible integración entre Volaris y Viva Aerobús —planteada como “fusión de iguales” bajo una misma controladora manteniendo marcas separadas— entra al terreno donde ya no manda el marketing, sino la ley de competencia. Y ahí el riesgo es real: la autoridad antimonopolio puede condicionarla fuerte o, en el extremo, bloquearla si concluye que reduce sustancialmente la competencia en rutas clave.
1) El “problema” se llama concentración de mercado
Diversas notas han subrayado que, juntas, Volaris y Viva concentran cerca de ~70% del tráfico doméstico. Ese nivel de participación prende focos rojos porque en aviación la competencia no se mide solo “a nivel país”, sino ruta por ruta: en muchos pares de ciudades la rivalidad efectiva podría quedar reducida a 1–2 jugadores, con incentivos para subir tarifas, recortar frecuencias o endurecer condiciones.
2) Qué revisa la autoridad (y por qué puede frenar la operación)
Bajo la Ley Federal de Competencia Económica (LFCE), una fusión entra como concentración (fusión/adquisición de control/actos que unan sociedades). La autoridad analiza si la operación tendría por objeto o efecto disminuir, dañar o impedir la competencia y libre concurrencia. Si ve riesgos, puede:
- autorizar sin condiciones,
- autorizar con condiciones/remedios (desinversiones, cesión de slots, obligaciones de capacidad, etc.), o
- negar.
En la práctica, para aerolíneas el expediente suele enfocarse en: rutas traslapadas, poder en aeropuertos saturados (slots), barreras de entrada, y si hay alternativas reales para el usuario.
3) Señales recientes: ya hay “lupa” regulatoria y escrutinio público
Reportes periodísticos indican que el órgano antimonopolio revisará la operación y que el tema ya se colocó en la conversación pública, incluso con comentarios desde Presidencia sobre que debe respetarse el marco legal. Eso normalmente significa una ruta de aprobación más lenta y con probables condiciones, no un “pase automático”.
4) El contexto complica: presión por conectividad y tensión regulatoria bilateral
La fusión se da mientras México y EU traen fricciones por temas de competencia/aviación y operación en aeropuertos (caso AICM/AIFA, rutas, etc.). En ese entorno, una mega-concentración doméstica puede volverse políticamente sensible: por un lado, el argumento es “más escala y eficiencia”; por el otro, el riesgo es “menos competencia real”.
Entonces… ¿puede no concretarse?
Sí. Hay tres escenarios razonables:
- Se aprueba con condiciones duras (el más probable): remedios por rutas, capacidad, slots y/o compromisos de tarifas/servicio.
- Se renegocia la operación para pasar el filtro (cambios de estructura/alcance).
- Se niega si la autoridad concluye que el daño a la competencia es mayor que las eficiencias alegadas y no es corregible con remedios.
En términos de negocio: la fusión no está “amarrada” hasta que pase competencia. Y en aviación, cuando el mercado queda tan concentrado, el regulador suele pedir “cirugía”, no curitas.



