
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, respaldó la posibilidad de restringir las exportaciones estadounidenses de diésel como una medida para contener los elevados precios del combustible en su país, una decisión que, de concretarse, tendría consecuencias directas para México y particularmente para el transporte de carga y pasajeros.
Durante declaraciones realizadas esta semana en Nueva York, Trump aseguró que ha planteado a su equipo dejar de enviar parte del diésel producido en Estados Unidos al extranjero. El planteamiento surge mientras el precio del combustible estadounidense registra niveles históricamente elevados.
Sin embargo, hasta ahora no existe una prohibición oficial. Aunque Politico reportó que funcionarios analizaban una suspensión de exportaciones de hasta 90 días, la Casa Blanca negó posteriormente que esté preparando una medida de ese alcance. Además, el secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, rechazó abiertamente una prohibición total y advirtió que podría terminar reduciendo la actividad de las refinerías y encareciendo otros combustibles.
México está en primera fila
México es particularmente vulnerable porque Estados Unidos es su principal proveedor externo de diésel.
Durante el primer semestre de 2026, México recibió alrededor de 220 mil barriles diarios de diésel y destilados estadounidenses en promedio. Solamente en junio, los envíos alcanzaron aproximadamente 288 mil barriles diarios.
Datos recientes de la Secretaría de Energía indican que las importaciones todavía representan alrededor de 40% a 49% del abastecimiento nacional, dependiendo del periodo utilizado para la medición.
Una restricción estadounidense obligaría a México a buscar producto en otros mercados internacionales, probablemente con mayores costos logísticos y precios de adquisición.
Para el autotransporte mexicano el riesgo es evidente: diésel más caro significa mayores costos por kilómetro, presión sobre tarifas de flete y eventualmente mayores precios para prácticamente cualquier mercancía que viaje por carretera.
El verdadero problema, por ahora, no es que Estados Unidos haya cerrado la llave. Es que Trump ya puso esa posibilidad sobre la mesa, y México sigue dependiendo demasiado de ella.



