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Toyota, Daimler Truck y Volvo apuestan por el hidrógeno para el largo recorrido: la batalla ya no será solo eléctrica

La carrera por descarbonizar el autotransporte pesado acaba de subir de nivel. Toyota Motor Corporation busca integrarse como socio igualitario a cellcentric, la empresa conjunta creada por Daimler Truck y Volvo Group para desarrollar sistemas de celdas de combustible de hidrógeno para vehículos pesados. El movimiento no es menor: junta a tres gigantes globales alrededor de una misma tesis de negocio: para el transporte de larga distancia, la batería no resolverá todos los casos de uso.

La alianza parte de una realidad operativa que cualquier transportista entiende sin necesidad de PowerPoint: en carretera, el tiempo parado cuesta. Los camiones eléctricos de batería tienen sentido en rutas urbanas, regionales o con retornos programados; pero en el largo recorrido, con cargas pesadas, ventanas de entrega apretadas y miles de kilómetros por cumplir, el hidrógeno aparece como una alternativa estratégica por su potencial de mayor autonomía y recarga más rápida.

El acuerdo firmado es un memorándum de entendimiento no vinculante. Si se concreta, Toyota entraría a cellcentric como tercer socio en partes iguales junto con Daimler Truck y Volvo Group. El objetivo de la empresa es desarrollar, producir y comercializar sistemas de celdas de combustible para camiones pesados y otras aplicaciones industriales de alta demanda energética. (newsroom.toyota.eu)

Toyota no llega improvisando. La marca japonesa lleva décadas trabajando en tecnología de hidrógeno, con el Mirai como su producto más visible en autos de pasajeros. Sin embargo, el mercado de autos a hidrógeno ha tenido una limitante brutal: la falta de infraestructura de recarga. Y ahí está el punto fino del negocio: en camiones, la infraestructura puede desplegarse primero en corredores logísticos específicos, no en todo el país. Es decir, menos fantasía futurista y más estrategia de patio, ruta y estación.

Para Daimler Truck, el enfoque es claro: no se trata de elegir entre baterías o hidrógeno, sino de operar una estrategia dual. La batería puede ganar en distribución regional; el hidrógeno puede tener ventaja en rutas largas, cargas pesadas y operaciones donde la disponibilidad del activo es clave.

El gran pendiente sigue siendo el mismo: infraestructura. Sin estaciones suficientes, el hidrógeno se queda como bonito prototipo de feria. Pero si Toyota, Daimler y Volvo logran empujar producción, escala e inversión en abastecimiento, el hidrógeno podría pasar de los comunicados corporativos a las carreteras reales.

Para México, la señal es clara: las flotas deben mirar esta tecnología con lupa, especialmente en corredores industriales, puertos, frontera y rutas de alto kilometraje. No será una adopción inmediata ni barata, pero el tablero ya se está moviendo. Y cuando tres mastodontes del camión se sientan en la misma mesa, conviene no hacerse el distraído.

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