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Pemex pierde 101 millones de pesos diarios por el huachicol: el robo de combustible le cuesta al Estado más de 36 mil millones de pesos al año

Pemex pierde 101 millones de pesos diarios por el robo de combustible conocido como huachicol, una cifra que equivale a más de 36 mil millones de pesos anuales en pérdidas para la empresa estatal de energía, según reportó El Universal con base en información de la propia Pemex. Los combustibles sustraídos incluyen crudo, gasolina, diésel y turbosina, y el mecanismo del robo va desde las tomas clandestinas en ductos —que la militarización de los últimos años logró reducir— hasta las modalidades más sofisticadas del huachicol fiscal, los túneles documentados en Nuevo León y la subfacturación en aduanas que El País investigó en Matamoros.

La cifra de 101 millones de pesos diarios de pérdida por huachicol es una de las más altas que Pemex ha documentado públicamente y llega en un contexto donde el crudo referencial West Texas Intermediate subió 23% en julio por la crisis en el Estrecho de Ormuz, según Onexpo Nacional, lo que eleva simultáneamente el valor del combustible robado y la magnitud de la pérdida que cada litro sustraído representa para la empresa estatal. A mayor precio del petróleo, mayor valor del huachicol.

La paradoja que Norte Digital señaló esta semana es que, aunque los campamentos huachicoleros caen con cierta regularidad en los operativos de las fuerzas de seguridad, los líderes de las redes de robo de combustible raramente son detenidos. Los campamentos son infraestructura sustituible; las personas que controlan las redes de distribución, lavado y venta del combustible robado son el activo estratégico de las organizaciones criminales que se dedica a este negocio, y la falta de resultados en ese nivel es lo que permite que el sistema se reconstituya después de cada operativo.

Para el sector del autotransporte, las pérdidas de Pemex por huachicol tienen una consecuencia directa: cada litro de combustible robado al sistema formal es un litro menos disponible en la cadena legítima de distribución, y cada red de huachicol activa es un proveedor de combustible más barato —porque no paga impuestos ni aranceles— que distorsiona el mercado y genera competencia desleal para los transportistas que compran diésel en el circuito formal. El control volumétrico que la CNE está implementando en las instalaciones de autoconsumo es uno de los instrumentos más prometedores para cerrar este ciclo.

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