
La seguridad carretera empieza a moverse del discurso a la infraestructura. A un año de lanzarse el programa de paradores seguros, la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes confirmó que ya existen dos instalaciones impulsadas por la iniciativa privada listas para inaugurarse: Majalca, en Chihuahua, y Palmillas II, en Querétaro.
De acuerdo con Luis Ruiz, director de Autotransporte Federal de la SICT, el parador de Majalca abrirá en agosto y contará no sólo con servicios tradicionales para operadores y unidades, sino también con instalaciones destinadas al descanso digno de los conductores. El mensaje es claro: si se quiere mejorar la seguridad en carretera, no basta con más vigilancia; también se necesitan espacios donde los operadores puedan detenerse sin jugarse el pellejo.
El programa contempla tanto nuevas instalaciones como la remodelación de paradores existentes. Hasta ahora, 10 proyectos cuentan con opinión favorable de la SICT y otros cinco están en proceso de revisión técnica. La dependencia estima que el desarrollo de estos espacios detonará una inversión cercana a los 100 millones de pesos por parte del sector privado.
Entre los grupos que han mostrado interés en participar se encuentran OXXO Gas, Grupo Simsa, el consorcio operador del Libramiento de Hermosillo, Canapat y la Federación Méxicoamericana de Transportistas. La lista no es menor: aquí hay una oportunidad de negocio, pero también una necesidad operativa urgente para el autotransporte.
Los paradores seguros deberán incorporar servicios como estación de combustible, aire, agua, sanitarios, estacionamiento, información turística, teléfonos, agua potable, internet, cajeros automáticos, áreas de comida y máquinas expendedoras. De forma opcional, también podrán incluir regaderas y dormitorios, elementos clave para elevar las condiciones de descanso de los operadores.
El tema ya escaló al gabinete de seguridad federal. El titular de la SICT, Jesús Esteva, informó que los avances del programa se revisan cada mes en dichas reuniones, lo que confirma que los paradores dejaron de ser un asunto de comodidad para convertirse en una pieza dentro de la estrategia nacional de seguridad carretera.
Para el sector transporte, estos espacios pueden marcar diferencia en tres frentes: reducir riesgos para los operadores, ordenar las paradas en ruta y profesionalizar la infraestructura de apoyo al autotransporte. La pregunta de fondo es si el ritmo será suficiente frente al tamaño del problema. Porque dos paradores listos son una buena noticia, sí; pero para un país con miles de kilómetros carreteros y una crisis de inseguridad en rutas clave, apenas es el arranque del viaje.



