
29 de abril de 2026 | Nacional
México posee una red ferroviaria de más de 27,000 kilómetros de vías, según datos de la Agencia Reguladora del Transporte Ferroviario (ARTF). Sin embargo, más del 95% de esa infraestructura se destina casi exclusivamente al transporte de carga, dejando al país con una de las redes de ferroviario de pasajeros más limitadas del continente. Esta realidad es el punto de partida de un debate que ha cobrado fuerza tras la inauguración del Tren Felipe Ángeles (Buenavista–AIFA): ¿cómo recuperar el ferrocarril de pasajeros en México de manera sostenible y equitativa?
La columnista Patricia Armendáriz, en Milenio, argumenta que la recuperación del ferrocarril de pasajeros es posible y necesaria, pero requiere un modelo que combine inversión pública en infraestructura con gestión privada eficiente de los servicios. La red actual, aunque extensa en kilómetros, está diseñada y optimizada para el tráfico de carga pesada de larga distancia, con pocas estaciones urbanas, velocidades bajas y tramos con problemas de mantenimiento que hacen inviable la operación de trenes de pasajeros competitivos.
El gobierno federal ha dado señales de avanzar en esta dirección: la ATTRAPI simplificó esta semana sus trámites administrativos, buscando agilizar procesos de habilitación de servicios ferroviarios. Carlos Slim, posicionado para operar el nuevo sistema ferroviario de pasajeros, impulsa rutas que conectarían ciudades intermedias como Monterrey, Guadalajara y Querétaro con la capital. El reto es lograr que estos servicios sean financieramente viables sin depender indefinidamente del subsidio gubernamental.
El modelo a seguir es materia de debate: algunos analistas apuntan al sistema suburbano de Madrid o al ferroviario regional francés como referentes de integración público-privada exitosa. Otros prefieren el modelo japonés, donde el ferroviario de pasajeros es gestionado íntegramente por empresas privadas con concesiones de largo plazo. Lo que todos coinciden es que México no puede seguir dependiendo casi exclusivamente del autotransporte para mover a sus ciudadanos y sus mercancías: el ferrocarril de pasajeros es una necesidad estratégica, no un capricho nostálgico.



