
La falta de certidumbre sobre el futuro del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) comienza a convertirse en un nuevo factor de presión para el transporte de carga de Norteamérica, justo cuando la industria esperaba una recuperación más sólida de los volúmenes y las tarifas.
La decisión de Estados Unidos de no extender por ahora la vigencia del acuerdo comercial por otros 16 años activó un escenario de revisiones anuales que podría prolongarse durante varios años. El T-MEC continúa vigente, pero la ausencia de una renovación de largo plazo está generando cautela entre fabricantes, empresas logísticas, transportistas y compañías que evalúan nuevas inversiones.
De acuerdo con un análisis presentado por ACT Research y retomado por FleetOwner, esta incertidumbre puede provocar que las empresas retrasen proyectos de plantas industriales, centros de distribución, contratación de personal, contratos de transporte y gasto de capital.
El efecto podría sentirse directamente en el autotransporte mexicano, debido al elevado grado de integración de las cadenas productivas entre ambos países. Aproximadamente 80% de las exportaciones mexicanas tienen como destino Estados Unidos, mientras que el transporte terrestre continúa siendo uno de los pilares del intercambio comercial regional.
Más de 100 mil millones de dólares cruzan en camión
La dimensión del mercado explica la preocupación. Durante junio, los camiones que realizaron operaciones transfronterizas movilizaron mercancías por aproximadamente 104,400 millones de dólares, un incremento de 23% frente al mismo periodo del año anterior.
Además, más del 80% de las importaciones estadounidenses actualmente aprovechan algún beneficio del T-MEC, incluyendo productos agrícolas, manufacturas, componentes industriales y vehículos.
Por ello, cualquier modificación significativa en reglas de origen, contenido regional o aranceles podría alterar los patrones de producción y, por consecuencia, la demanda de transporte.
Uno de los puntos que Estados Unidos podría buscar endurecer son precisamente las reglas de contenido regional, especialmente en el sector automotriz, además de limitar la participación de componentes provenientes de China dentro de las cadenas norteamericanas.
México y Estados Unidos ya negocian
México y Estados Unidos han sostenido varias rondas de conversaciones y se espera una nueva reunión durante septiembre. La posibilidad de alcanzar acuerdos provisionales hacia finales de 2026 también está sobre la mesa, aunque una negociación integral podría extenderse hasta 2027.
Para el transporte mexicano, el principal riesgo no necesariamente es la desaparición inmediata del T-MEC, sino algo mucho más silencioso: la parálisis de decisiones empresariales.
Cuando una empresa no sabe cuáles serán las reglas comerciales dentro de dos o tres años, difícilmente acelera la construcción de una planta, amplía un centro logístico o contrata capacidad adicional de transporte.
La paradoja es evidente: el comercio entre México y Estados Unidos continúa creciendo, pero la incertidumbre regulatoria podría poner el freno justo cuando el mercado de carga necesita recuperar inversión, volúmenes y rentabilidad.
Para los transportistas mexicanos que operan en corredores vinculados con exportaciones, especialmente automotriz, manufactura, electrodomésticos y nearshoring, la evolución de las negociaciones del T-MEC será uno de los principales indicadores a vigilar durante los próximos meses.
Párrafo para redes sociales
⚠️ El T-MEC sigue vigente, pero la incertidumbre ya empieza a pasar factura. Empresas podrían frenar plantas, centros logísticos, contrataciones e inversión, golpeando directamente la demanda de transporte México–EU. 🚛🇲🇽🇺🇸 #T-MEC #Autotransporte #Logística #Nearshoring #TransporteMX



