
El Puerto de Manzanillo superó los 2 millones de TEU movilizados en el primer semestre de 2026. El dato marca un récord histórico para el recinto colimense y lo consolida no solo como el puerto más importante de México por movimiento de contenedores, sino como una referencia de primera línea en el Pacífico latinoamericano. La cifra es especialmente significativa en el contexto de las disrupciones que el comercio marítimo global enfrentó durante el primer semestre, incluyendo la crisis del Estrecho de Ormuz, el cierre temporal del puerto por el ciclón Boris y la controversia ambiental sobre la expansión en la laguna de Cuyutlán.
Superar los 2 millones de TEU en seis meses coloca a Manzanillo en una posición privilegiada en el ranking de puertos de la región: pocos recintos portuarios de América Latina alcanzan esa escala de movimiento de contenedores en un semestre, lo que confirma que el nearshoring y la dinámica del comercio transpacífico han elevado estructuralmente la demanda de servicios portuarios en el Pacífico mexicano más allá de los niveles prepandemia. El crecimiento sostenido también respalda la lógica de la expansión proyectada en la laguna de Cuyutlán, aunque el debate ambiental con pescadores y salineros sigue sin resolución.
Para las navieras que escalan en Manzanillo, el récord de 2 millones de TEU en el primer semestre es también un argumento para incrementar las frecuencias de sus servicios transpacíficos hacia el puerto colimense: más carga disponible justifica más llamadas de buques, más competencia entre navieras y, en teoría, mejores tarifas para los importadores y exportadores que utilizan el recinto. La reciente incorporación del servicio PAMEX de MSC en Grupo CICE, anunciada días atrás, es un ejemplo de cómo el crecimiento de Manzanillo atrae nuevos servicios de las principales navieras globales.
El récord de Manzanillo también contrasta con los retos que el propio puerto enfrenta: el patrón de derrames de combustible en la bahía, la protesta de pescadores y salineros contra la expansión en Cuyutlán, y la necesidad de seguir modernizando la capacidad aduanal para que el crecimiento del volumen de carga no se convierta en tiempos de estadía más largos. El reto para el segundo semestre es demostrar que el récord no fue excepcional, sino el nuevo piso operativo de un puerto que aspira a seguir creciendo.



