
El ICTYL, el único índice de confianza empresarial específico para transporte y logística en México, saltó de 75.1 a 97.3 puntos entre el primer y segundo trimestre de 2026, su mejor nivel desde el tercer trimestre de 2024. La euforia, sin embargo, convive con un dato que no cambia: 79.3% de los directivos consultados sigue viendo al ritmo de la economía nacional como la principal amenaza. Transporte.mx desglosa el indicador y lo que realmente revela.
El Índice de Confianza del Transporte y la Logística (ICTYL), desarrollado por T21 Business Intelligence a partir de una encuesta trimestral a más de 140 directivos y empresarios del sector, registró en el segundo trimestre de 2026 su mejor lectura desde el tercer trimestre de 2024: 97.3 puntos, tomando como año base 100 el primer trimestre de 2018. El salto es notable no solo por su magnitud, sino por el punto de partida: apenas un trimestre antes, en el primero de 2026, el índice se había hundido a 75.1 puntos, el segundo peor registro desde el tercer trimestre de 2020, año marcado por la pandemia de COVID-19.
De la desconfianza al optimismo, en un solo trimestre
La velocidad del cambio es, en sí misma, la noticia. En el primer trimestre de 2026, 65.4% de los participantes de la encuesta calificó el ritmo del negocio como “desfavorable”, y 46.2% reportó que su nivel de facturación había decrecido frente al mismo periodo de 2025, aunque conviene matizar esa lectura negativa: dentro del mismo universo de encuestados, 19.2% señaló que su facturación había crecido entre 5% y 10%, y en conjunto 30.8% reportó incrementos de 5% o más, evidencia de que incluso en el trimestre más pesimista del año convivían empresas con desempeño claramente positivo. Apenas un trimestre después, el monitor de Confianza Empresarial del propio ICTYL pasó de -5.70 puntos a +51.63 puntos, regresando a terreno claramente positivo tras dos trimestres consecutivos de deterioro. Para el segundo trimestre, 61.5% de los participantes reportó una perspectiva “favorable” sobre el ritmo de su negocio.
Fuente: Transporte.mx con datos del reporte ICTYL de T21 Business Intelligence (1T26-2T26).
Lo que no cambió: los tres riesgos que siguen ahí
Esa combinación de riesgos es consistente con lo que Transporte.mx ha documentado a lo largo del año en reportajes independientes: la crisis de rentabilidad que afecta a la mitad del autotransporte según Canacar, el incremento del diésel de hasta 18% reportado en 2026, y la incertidumbre regulatoria asociada a la revisión del T-MEC. El repunte de confianza del segundo trimestre, entonces, no significa que estos problemas estructurales se hayan resuelto, sino que los directivos del sector perciben una mejora relativa en el entorno inmediato de negocio, sin que eso implique que los riesgos de fondo hayan desaparecido de su radar.
El T-MEC, la pregunta que domina la coyuntura
El reporte del segundo trimestre incluyó una pregunta de coyuntura especialmente reveladora sobre el estado de ánimo del sector: qué impacto tendría en la dinámica económica del transporte y la logística que Estados Unidos no extienda o no refrende el T-MEC en su forma actual. La respuesta fue contundente: 72.4% de los encuestados anticipó un efecto negativo o muy negativo, mientras que apenas 3.4% lo consideró positivo. Ese dato adquiere una relevancia particular en septiembre de 2026, mes en que se desarrolla la cuarta ronda formal de renegociación del tratado, de acuerdo con el calendario que Transporte.mx ha seguido desde el inicio del proceso en julio.
Por qué este índice importa más allá de la anécdota trimestral
El ICTYL es, según su propia metodología, el único indicador de confianza específico para la industria del transporte y la logística en México, lo que lo distingue de índices de confianza empresarial más generales que no capturan las particularidades de un sector expuesto simultáneamente a variables cambiarias, regulatorias, de seguridad y de infraestructura. Su comportamiento de “montaña rusa” entre el primer y segundo trimestre de 2026 —de un mínimo casi pandémico a un máximo de dos años— ilustra algo que ya han señalado distintos actores del sector a lo largo del año: la percepción empresarial en el autotransporte y la logística mexicana se ha vuelto extraordinariamente sensible a señales de corto plazo, ya sea un acuerdo comercial, un dato macroeconómico o un anuncio de política pública, en un contexto donde los problemas estructurales —costos, seguridad, déficit de operadores— se mantienen prácticamente constantes de un trimestre a otro.
La lectura para el resto del año
Para las empresas del sector, la conclusión práctica de este reporte no es celebrar el optimismo del segundo trimestre ni alarmarse por el pesimismo del primero, sino reconocer que ambos reflejan la misma realidad de fondo vista desde ángulos distintos: un sector con fundamentos sólidos de demanda —el nearshoring, el crecimiento del comercio exterior, la centralidad del autotransporte en la economía nacional— pero con una capa de incertidumbre de corto plazo que puede moverse con rapidez según evolucionen negociaciones como la del T-MEC. Con la cuarta ronda de renegociación en curso durante septiembre, el próximo reporte trimestral del ICTYL —correspondiente al tercer trimestre de 2026— será, previsiblemente, el indicador más directo de cómo interpreta el propio sector el resultado de esas negociaciones.



