
México se acaba de ganar una medalla incómoda: es el país que más impuestos a la gasolina cobra entre los grandes consumidores del mundo. Detrás de cada litro que se carga en la bomba, casi la mitad del precio son impuestos a la gasolina, un golpe directo al bolsillo ciudadano… y a la estructura de costos del autotransporte de carga.
De acuerdo con un análisis de Expansión, en enero el litro de gasolina costó en promedio 23.58 pesos; de ese monto, 10.37 pesos fueron IEPS e IVA, mientras que 13.20 pesos correspondieron a refinación o importación, logística y margen de la estación. Es decir, los impuestos a la gasolina representan cerca del 44% del precio final. En Estados Unidos, por comparación, solo 2.58 pesos por litro son impuestos;
El diseño de estos impuestos a la gasolina no es casual: es una maquinaria recaudatoria muy rentable. Con un consumo diario estimado entre 120 y 140 millones de litros, el gobierno asegura un flujo constante de recursos para el gasto corriente. Solo el IEPS ha subido de 3.92 pesos por litro en 2019 a 6.70 pesos en 2026, un aumento de 70.9%.
El problema, como advierten analistas, no es solo cuánto se cobra, sino para qué sirve. En otras economías desarrolladas, los impuestos a la gasolina suelen etiquetarse para infraestructura carretera o proyectos ambientales. En México, el dinero se diluye en el gasto general, sin un vínculo claro con mejores carreteras, más seguridad o una transición energética ordenada. Para el transporte de carga esto significa pagar de más… sin ver el retorno en pavimento, orden ni vigilancia. (
Además, Hacienda decidió no aplicar estímulos fiscales a gasolinas y diésel en la semana del 21 al 27 de febrero, cobrando el IEPS completo precisamente mientras el sector enfrenta presión por aranceles, inseguridad y costos financieros al alza. (Expansión)



