El crecimiento de las ventas durante El Buen Fin no termina cuando concluyen las promociones. Para las empresas de transporte, distribución y comercio electrónico, el verdadero desafío comienza cuando miles de pedidos deben convertirse en entregas exitosas, en medio de una mayor demanda de vehículos, operadores y recursos logísticos.
Durante la edición 2025 de El Buen Fin, las operaciones de distribución analizadas registraron un incremento de 73.9% en las visitas diarias durante la semana posterior al evento comercial, mientras que en el sector retail el crecimiento alcanzó 95.6%, prácticamente el doble de la actividad habitual.
Este comportamiento confirma que la presión sobre las cadenas de suministro no necesariamente coincide con los días de mayores ventas. Por el contrario, la demanda logística puede concentrarse durante la semana posterior, obligando a las empresas a incrementar su capacidad operativa en periodos relativamente cortos.
A pesar del considerable incremento en el volumen de entregas, las operaciones analizadas consiguieron mantener una tasa de cumplimiento cercana al 93%, con una variación de apenas 0.29 puntos porcentuales respecto de sus niveles habituales.
Sin embargo, mantener elevados indicadores de entregas exitosas no significa necesariamente que las operaciones sean más rentables. Detrás de estos resultados pueden existir mayores costos de coordinación, reprogramaciones, kilómetros adicionales y una creciente carga administrativa para resolver incidencias.
Las entregas alcanzaron su mayor actividad después de las promociones
Uno de los principales hallazgos del análisis fue que el momento de mayor actividad logística se registró el 21 de noviembre de 2025, cuatro días después de que concluyera El Buen Fin, cuando el volumen de visitas diarias superó en 153.4% los niveles habituales.
Esta concentración de pedidos obliga a las empresas a ajustar rápidamente sus procesos de planeación, asignación de rutas y disponibilidad de unidades, especialmente en operaciones de última milla que deben atender cientos o miles de domicilios diariamente.
Incluso con el incremento de vehículos disponibles, las operaciones analizadas enfrentaron dificultades para asignar la totalidad de las entregas. Durante la semana posterior al evento, la proporción de visitas sin asignar aumentó de 8.8% a 13.4%, lo que evidencia las limitaciones de una planeación que depende exclusivamente de incrementar la capacidad de reparto.
El problema adquiere mayor relevancia ante las crecientes expectativas de los consumidores mexicanos. De acuerdo con el estudio Pulso El Buen Fin 2026, de la Asociación Mexicana de Venta Online (AMVO), el 70% de los compradores espera recibir sus productos en un plazo máximo de una semana, mientras que el 32% busca recibirlos el mismo día o al siguiente.
Estas exigencias obligan a las empresas a reducir los tiempos de distribución sin comprometer la calidad del servicio, aun cuando enfrentan volúmenes extraordinarios de pedidos.
Una entrega fallida puede generar costos adicionales de hasta 189 pesos
Uno de los mayores desafíos económicos para las empresas de última milla se encuentra en las entregas que no pueden completarse durante el primer intento.
Direcciones incorrectas, destinatarios ausentes, problemas de acceso y errores en la información del pedido pueden obligar a realizar nuevas llamadas, reorganizar recorridos y programar visitas adicionales.
Para dimensionar el problema, un ejercicio de simulación considera una empresa de retail que realiza aproximadamente 1,000 entregas diarias, con una tasa de fallas de 7%.
Si su volumen de actividad aumenta 95.6%, como ocurrió durante la semana posterior a El Buen Fin 2025, la empresa tendría que administrar alrededor de 67 incidencias adicionales cada día, incluso si conserva una efectividad de entrega del 93%.
Bajo un esquema de gestión manual, estas incidencias representarían más de 11 horas adicionales de trabajo administrativo diario, considerando diez minutos de atención por caso.
Además, si se contempla un costo marginal estimado de 189 pesos por cada reintento de entrega, el impacto económico de las incidencias adicionales podría superar los 6,300 pesos diarios, considerando que aproximadamente la mitad requiere un nuevo intento de reparto.
Estas cifras corresponden a un ejercicio ilustrativo basado en determinados supuestos operativos, por lo que los costos reales pueden variar según las distancias, el tipo de mercancía, la estructura de distribución y la eficiencia de cada empresa.
El costo tampoco se limita al segundo intento de entrega. Cada incidencia puede involucrar personal de monitoreo, atención al cliente, planeación, operadores y, en determinados casos, procesos de logística inversa.
En consecuencia, una empresa puede mantener buenos indicadores de cumplimiento y, al mismo tiempo, enfrentar una reducción de sus márgenes de rentabilidad.
La inteligencia artificial comienza a transformar la última milla
Ante este escenario, la adopción de herramientas de inteligencia artificial se perfila como una alternativa para mejorar la administración de incidencias y reducir los costos asociados con las entregas fallidas.
Tradicionalmente, las plataformas tecnológicas utilizadas en el transporte y la distribución han permitido conocer la ubicación de los vehículos, identificar entregas retrasadas y monitorear el cumplimiento de las rutas.
No obstante, detectar una incidencia no significa resolverla. En numerosas operaciones, las alertas todavía requieren llamadas telefónicas, consultas entre departamentos y decisiones manuales que consumen tiempo y recursos.
Los nuevos sistemas basados en agentes de inteligencia artificial buscan automatizar parte de este proceso mediante la identificación de problemas, el análisis de información y la ejecución de acciones previamente autorizadas.
Por ejemplo, estas herramientas pueden detectar una dirección incorrecta, contactar al destinatario, solicitar datos adicionales y gestionar una reprogramación, siempre dentro de los parámetros establecidos por la empresa.
Cuando una situación requiere una decisión fuera de sus atribuciones, el sistema puede transferir el caso a un colaborador para su resolución.
Este enfoque busca que el crecimiento en el número de entregas no implique necesariamente un aumento proporcional del personal administrativo dedicado a gestionar incidencias.
Sin embargo, su efectividad depende de la calidad de la información disponible, la integración con los sistemas operativos y la capacidad de automatizar procesos sin afectar la experiencia del consumidor.
El reto para El Buen Fin 2026 será entregar más sin disparar los costos
Con una nueva edición de El Buen Fin en puerta, las empresas de transporte, comercio electrónico y distribución enfrentan el desafío de preparar sus operaciones para incrementos extraordinarios de demanda.
La disponibilidad de vehículos y operadores continuará siendo fundamental, pero también cobrará importancia la capacidad para anticipar problemas, optimizar recorridos, reducir reintentos y resolver incidencias con mayor rapidez.
En este contexto, los indicadores tradicionales de entregas exitosas deberán complementarse con métricas relacionadas con el costo por entrega, los kilómetros recorridos, el tiempo de resolución de incidencias y la productividad de los recursos disponibles.
Para las empresas de última milla, la competitividad ya no dependerá únicamente de entregar más paquetes, sino de hacerlo con menores costos, menos recorridos improductivos y una mayor capacidad de respuesta ante los imprevistos.
La próxima temporada de alto consumo será una nueva prueba para determinar qué tan preparadas están las operaciones logísticas mexicanas para absorber el crecimiento del comercio electrónico sin comprometer su rentabilidad.



