
La caseta de Tepotzotlán, uno de los puntos más conflictivos para el transporte de carga, automovilistas y rutas de pasajeros que circulan por la autopista México–Querétaro, será reubicada hacia la zona de Jorobas, en el municipio de Huehuetoca, Estado de México.
El proyecto contempla mover la plaza de cobro aproximadamente 14 kilómetros al norte de su ubicación actual, con el objetivo de liberar presión vial en el tramo que conecta a la Zona Metropolitana del Valle de México con Querétaro, el Bajío y los corredores industriales del centro-norte del país.
La medida no es menor. La caseta de Tepotzotlán se ha convertido desde hace años en un tapón operativo para la logística nacional. En horas pico, fines de semana, periodos vacacionales y temporadas de alta demanda de mercancías, este punto puede generar filas kilométricas, pérdida de horas-hombre, mayor consumo de diésel y retrasos en entregas de última milla, media distancia y largo recorrido.
De acuerdo con la información disponible, la nueva caseta estaría ubicada cerca de Jorobas, en Huehuetoca, lo que permitiría separar mejor el tránsito local del tránsito de largo recorrido. En cristiano: quien se mueve dentro del norte del Valle de México dejaría de cargar con parte del costo operativo y vial de una autopista que también atiende a miles de unidades que van hacia Querétaro, San Luis Potosí, Guanajuato, Jalisco, Nuevo León y la frontera norte.
La nueva plaza de cobro está prevista para quedar lista en 2027. El proyecto forma parte de una estrategia federal que incluye recursos considerados para el ejercicio 2026, así como trabajos preliminares y estudios técnicos para definir la ejecución de la obra.
Además de la reubicación, se perfila una ampliación de la autopista México–Querétaro en el tramo comprendido entre Tepalcapa, en Cuautitlán Izcalli, y la actual caseta de Tepotzotlán. Este tramo es uno de los más saturados del país y registra una alta mezcla vehicular: autos particulares, transporte público, unidades de reparto, autobuses y tractocamiones.
Para el autotransporte de carga, el beneficio potencial está en tres frentes: menor tiempo perdido en filas, reducción de consumo de combustible en congestionamientos y una circulación más ordenada para unidades pesadas que hoy deben convivir con tránsito local, suburbano y de largo recorrido en un espacio cada vez más rebasado.
La reubicación también tiene lectura urbana. Municipios como Tepotzotlán, Cuautitlán Izcalli, Coyotepec, Teoloyucan, Huehuetoca y Zumpango han resentido durante años los efectos secundarios de la saturación: desvíos de transporte pesado a vialidades locales, mayor riesgo de accidentes, emisiones contaminantes y presión sobre accesos industriales y habitacionales.
El cambio hacia Jorobas busca que la caseta cobre principalmente al tránsito que realmente utiliza la autopista como corredor de largo recorrido, mientras que los movimientos metropolitanos de corta distancia tendrían mejores condiciones de circulación.
Sin embargo, el proyecto todavía tendrá que resolver varios puntos sensibles: ingeniería de accesos, afectaciones a comunidades cercanas, conectividad con vialidades secundarias, señalización para transporte pesado, operación de TAG/IAVE, carriles exclusivos o preferentes, y la forma en que se integrará con los centros logísticos e industriales de la región.
La ubicación de la nueva caseta será estratégica. Jorobas se encuentra en una zona clave para la conexión entre la México–Querétaro, el Arco Norte, parques industriales y rutas hacia Hidalgo, Querétaro y el Bajío. Si se ejecuta bien, puede convertirse en una válvula de despresurización para uno de los corredores logísticos más importantes del país. Si se ejecuta mal, solo se moverá el embudo unos kilómetros más adelante. Y eso sería cambiarle de lugar al dolor de cabeza, no curarlo.
Actualmente, la caseta de Tepotzotlán forma parte del esquema tarifario vigente de CAPUFE para la autopista México–Querétaro. En 2026 se reportó un incremento en el peaje para autos, lo que volvió a poner sobre la mesa el debate sobre la relación entre costo, servicio, tiempos de cruce y calidad operativa de la infraestructura.
Para las empresas transportistas, el punto central no será únicamente cuánto se pagará, sino cuánto tiempo se dejará de perder. En logística, el reloj también factura. Un tractocamión detenido en una fila no solo consume combustible: rompe citas de descarga, afecta ventanas de entrega, presiona al operador y encarece toda la cadena.
La reubicación de la caseta de Tepotzotlán puede ser una de las obras más relevantes para la movilidad del norte del Valle de México en los próximos años. Pero el verdadero éxito dependerá de que venga acompañada de ampliación real, accesos bien diseñados, gestión de tránsito pesado, tecnología de cobro eficiente y coordinación con municipios.
Porque en la México–Querétaro no hace falta otro anuncio bonito. Hace falta que el tráfico se mueva.



