
La carga aérea en México está atravesando una turbulencia que no es coyuntural, es estructural. La caída en volúmenes no solo responde a la desaceleración económica global, sino a decisiones internas que ya están pasando factura… y caro.
El detonante: cambios operativos impulsados por el gobierno mexicano —especialmente el traslado de operaciones de carga del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México al Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles— que han generado fricción logística, costos adicionales y pérdida de competitividad frente a otros hubs de América del Norte.
T-MEC en la mira: cuando la política pega en la logística
El tema ya escaló a nivel internacional. Socios comerciales, particularmente en Estados Unidos, han señalado que estas decisiones podrían violar compromisos del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá.
¿Por qué importa esto? Simple: el T-MEC garantiza condiciones equitativas para la operación de aerolíneas y servicios logísticos. Al forzar la migración de operaciones a un aeropuerto con menor conectividad y capacidades aún en desarrollo, México estaría alterando el terreno de juego.
Y en logística, cuando cambias las reglas… los clientes se van.
Impacto real: menos carga, menos eficiencia, más costos
La consecuencia es clara y brutal:
- Reducción en volúmenes de carga aérea
- Incremento en tiempos logísticos
- Pérdida de competitividad frente a hubs como Miami o Dallas
- Reconfiguración de rutas por parte de aerolíneas internacionales
En pocas palabras: el nearshoring está llegando a México… pero la carga aérea no está lista para capitalizarlo al 100%.
AIFA: potencial hay, ejecución pendiente
Seamos claros: el AIFA no es el problema, el problema es el timing y la ejecución.
El aeropuerto tiene capacidad, pero todavía no cuenta con:
- Ecosistema logístico consolidado
- Conectividad terrestre eficiente
- Infraestructura aduanal al nivel de demanda internacional
Mover operaciones sin tener esto listo fue, en términos empresariales, adelantar la factura sin tener flujo.
Las aerolíneas ya están ajustando
Las aerolíneas cargueras no operan por patriotismo, operan por rentabilidad. Y ya están tomando decisiones:
- Reducción de frecuencias
- Reubicación de hubs
- Ajustes en rutas hacia mercados más eficientes
El mensaje es contundente: si México no optimiza su infraestructura logística aérea, el negocio se irá a donde sí puedan cumplir.
Conclusión: esto es logística, no política
El transporte de carga no perdona improvisaciones. La caída en la carga aérea es una señal de alerta para toda la cadena logística: operadores, freight forwarders, importadores y exportadores.
México tiene la oportunidad histórica del nearshoring, pero necesita alinear infraestructura, regulación y ejecución. De lo contrario, el país será solo el vecino atractivo… pero no el socio eficiente.
Y en logística, eso se traduce en una sola cosa: perder mercado.



