CANACAR con peso político: la visión de Augusto Ramos para 2026 y más allá

Análisis para Transporte.mx
En medio de un entorno económico desafiante, donde el autotransporte de carga enfrenta presiones crecientes por la inseguridad, los costos operativos y la competencia de otros modos de transporte, Augusto Ramos plantea una transformación del papel de la CANACAR: pasar de ser un gremio sectorial a un actor con peso político capaz de incidir en decisiones públicas que afectan de manera directa al sector.
Ramos, candidato a la presidencia de CANACAR para el periodo 2026-2027, sostiene que la cámara debe evolucionar de un rol tradicional —más centrado en representación gremial y servicios— hacia uno en el que sus posiciones sean escuchadas, consideradas y traducidas en políticas públicas claras, efectivas y coordinadas con el gobierno federal y los actores estatales. Esta visión toma fuerza en un momento en el que el transporte de carga no es solo un servicio logístico: es un pilar de competitividad para la economía mexicana.
¿Qué significa “tener peso político”?
Para Ramos, no se trata de politizar a CANACAR ni de alinearse con un partido en específico, sino de consolidar una capacidad de interlocución sólida y estratégica con las instancias de poder que toman decisiones que impactan al sector. Eso incluye:
- Incidencia técnica en regulaciones (seguridad, emisiones, fiscalidad).
- Participación activa en mesas de diálogo público-privado.
- Mayor visibilidad en temas de infraestructura (corredores, puertos, carreteras).
- Coordinación real con autoridades para seguridad vial y robo de carga.
Ramos apunta a que una CANACAR con peso político puede lograr mejores resultados en negociaciones sobre inversiones en seguridad para corredores, financiamiento para renovación de flota y programas de profesionalización del operador. En su visión, la voz del gremio no debe limitarse a discursos de prensa: debe traducirse en acciones concretas y cuantificables.
Un contexto que empuja al cambio
El planteamiento de Ramos se da en un contexto donde el sector enfrenta retos evidentes:
- Robo de transporte pesado, aunque reporta cifras a la baja, sigue siendo un riesgo operativo y de costo.
- Déficit de operadores que obliga a mejorar las condiciones laborales para atraer talento.
- Altos costos operativos, incluidos combustibles, financiamiento y repuestos.
- Competencia por modos de transporte multimodal, donde la eficiencia y confiabilidad son clave.
Este escenario demanda una agenda gremial estratégica que no se limite a reaccionar, sino que anticipe y participe en el diseño de políticas públicas que favorezcan un entorno más competitivo para el autotransporte.
¿Qué propone Ramos?
Aunque su postura está en construcción y será sometida a la votación interna, los ejes de propuesta de Augusto Ramos incluyen:
- Fortalecimiento institucional de CANACAR como interlocutor ante el gobierno.
- Capacitaciones y certificaciones para operadores que eleven profesionalización.
- Estrategias de seguridad vial con autoridad y sector privado.
- Apertura de mesas de trabajo con sectores productivos clave (manufactura, comercio, logística).
- Propuestas de incentivos para renovación de flota y adopción de tecnologías limpias.





