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Aranceles de EE. UU. y puertos mexicanos: impacto, tensiones y respuestas del sector logístico

La discusión arancelaria entre Estados Unidos y México, liderada en gran parte por la administración del expresidente Donald Trump y retomada por sectores políticos y empresariales en EE. UU., ha dejado una huella operativa tangible en puertos mexicanos que sirven como nodos críticos de la cadena logística norteamericana. Aunque el capítulo político del “Arancel 232/301” ha cambiado de tono en los últimos años, las medidas proteccionistas que gravaron productos mexicanos como acero, automóviles y otros bienes industriales siguen teniendo efectos operativos, comerciales y estratégicos en la forma en que se intercambia carga entre ambos países.

Puertos: el cruce donde choca el comercio y la política

Los principales puertos mexicanos —Manzanillo, Lázaro Cárdenas, Veracruz, Altamira y Tuxpan— no son solo puntos de entrada o salida de mercancías: son arterias que conectan a México con EE. UU. en un sistema donde el 95 % del comercio bilateral por peso transita por rutas marítimas y terrestres compartidas. Cuando una canasta de productos enfrenta aranceles adicionales, eso se traduce inmediatamente en alteraciones de flujos, reconfiguración de rutas y presión en inventarios.

Los aranceles impuestos por Trump en 2018-2020 —particularmente aquellos ligados a acero (232) y disputas comerciales bajo la Sección 301— obligaron a importadores y exportadores a revisar sus cadenas de suministro. Algunos efectos directos en puertos mexicanos han sido:

  • Desplazamiento de carga: mercancías originalmente planificadas para salir por puertos del Golfo o Pacífico se han redirigido a otros terminales para mitigar costos arancelarios o aprovechar acuerdos preferenciales regionales.
  • Congestión operacional: rerouting frecuente incrementa la demanda en terminales específicas en periodos cortos, elevando los tiempos de estancia en patio y colas de descarga.
  • Cambio en perfiles de carga: industrias como automotriz y siderúrgica han modificado volúmenes y destinos, lo cual repercute en la planeación portuaria y logística multimodal posterior.

Consecuencias en costos y operaciones portuarias

Para los puertos, los aranceles se traducen en un efecto dominó: si un importador decide desviar contenedores a puertos alternos o ajustar su calendario de arribo, las capacitaciones de muelle, financieras y de almacenaje se ven modificadas sin previo aviso, generando costos adicionales.

Adicionalmente:

  • La operación de patios se tensiona cuando los corredores terrestres —camión y ferrocarril— también ajustan flujos para acomodar cambios de puerto de origen/destino.
  • El ciclo de inventarios se alarga o acorta según aranceles temporales u oferta de alternativas, lo que obliga a operadores a reevaluar SLA, costos de almacenaje y contratos de logística.
  • En algunos casos, los cargadores mexicanos han preferido mover inventarios más cerca de fronteras terrestres (como Nuevo Laredo o Ciudad Juárez) para reducir exposición arancelaria o aprovechar componentes de contenido regional bajo USMCA, lo que reduce actividad directa en algunos puertos marítimos.

Estrategias de resiliencia logística

Aunque los efectos son palpables, la industria ha buscado mitigar impactos con:

  • Diversificación de rutas: uso más estratégico de puertos secundarios o combinados con conexiones ferroviarias intermodales para reducir costos totales.
  • Alianzas público-privadas: coordinación entre autoridades portuarias y cámaras empresariales para anticipar cambios regulatorios, ajustar franjas de operación y mejorar sistemas de información compartida.
  • Coberturas contractuales y aduanales: uso de herramientas de planeación aduanera y seguros para proteger inventarios ante movimientos arancelarios repentinos.


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