Alianza Ramos-Mejía sacude la contienda por la presidencia de CANACAR

La contienda por la presidencia de la CANACAR entró en una nueva fase tras el anuncio de la alianza entre Augusto Ramos y Rómulo Mejía. Ambos aspirantes decidieron unir fuerzas rumbo al periodo 2026-2027, con una fórmula que busca capitalizar experiencia gremial, músculo político y respaldo regional en un momento de alta presión para el sector.
La decisión no es menor. El autotransporte enfrenta inseguridad, costos al alza, déficit de operadores y una relación compleja con autoridades. En ese contexto, la alianza Ramos-Mejía envía un mensaje de pragmatismo: dividir el voto gremial debilita la capacidad de negociación del organismo. Con este movimiento, el bloque busca presentarse como una opción de estabilidad y gobernabilidad interna.
De acuerdo con lo planteado por ambos candidatos, Augusto Ramos encabezaría el proyecto, mientras que Rómulo Mejía aportaría estructura territorial y cercanía con delegaciones estatales. La narrativa es clara: menos protagonismos y más suma de capacidades. En un gremio históricamente fragmentado, el discurso de unidad no es retórico; es una condición para recuperar influencia frente a reguladores y tomadores de decisión.

La alianza también reconfigura el tablero frente a Ramiro Montemayo. Al concentrar apoyos y reducir la dispersión interna, Ramos y Mejía elevan la vara de la competencia y obligan a las otras planillas a mostrar propuestas más concretas en temas críticos como seguridad carretera, infraestructura, fiscalización y profesionalización del operador.
No obstante, el reto será la ejecución. Unir campañas es más sencillo que alinear expectativas una vez en el cargo. El sector observará con lupa si esta alianza se traduce en una agenda clara, medible y con resultados tangibles para las empresas afiliadas, especialmente para las medianas y pequeñas que suelen quedar fuera del radar.



